Mali

MaliMaliMali es un país de obligada visita para el amante de África. Sus habitantes encaran el devenir diario con un admirable humor y unas inolvidables sonrisas. Ya sea en territorio bambara, dogón, peul, bozo o tuareg, la acogida será siempre positiva. Aquí, el viajero aún se puede sumergir en estas culturas completamente impermeables a la globalización. El país alberga escenarios naturales tan impactantes como el Río Níger (la curva que describe fue bautizada por los franceses como “Bucle del Níger”), o el Lago Débo (en el delta interior del Níger), la mítica ciudad de Tombouctou (ciudad de leyendas caravaneras), la inigualable mezquita de Djenné y su colorido mercado semanal, o Mopti, también conocida como la Venecia Africana. Bamako, la capital del país, es una ciudad cosmopolita, emergente y en constante ebullición. En Segou, en su día sede del imperio bambara, se celebra todos los años un reconocido festival de música (además del que se celebra en el norte en el desierto). Y la Falla de Bandiagara a lo largo de la que se cobijan los pueblos Dogón colgados de las paredes rocosas y donde el tiempo lo siguen marcando el sol y la luna, fue declarada por la UNESCO Patrimonio de la Humanidad por su enorme valor cultural. En definitiva, en Mali se encuentran nómadas a camello cruzando el desierto, antiguas mezquitas de estilo sudanés, seres de enorme belleza y una gran tradición musical. Aún hoy se puede escuchar cantar a algún “griot”, persona que ha contado durante siglos la historia de las ciudades malienses y de sus pobladores. Es sin duda un país que no dejará al viajero indiferente.

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